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Arcángel Miguel

606px-Le Grand Saint Michel, by Raffaello Sanzio, from C2RMF retouched.jpg

Datos personales
Vida Inmortal
Familia
Características
Ocupación Defensor de la Iglesia
Psicopompo
Raza Ángel

El Arcángel Miguel es uno de los siete ángeles con entrada al consejo de Dios y uno de los tres arcángeles mencionados en la Biblia, los otros dos son Gabriel y Rafael. Se lo representa como centurión como Príncipe de Milicia Celestial.[1]

Etimología

El nombre del Arcángel Miguel viene del hebreo "Mija-El" que significa "¿Quién como Dios?" y que, según la tradición, fue el grito de guerra en defensa de los derechos de Dios cuando Lucifer se opuso a los planes salvíficos y de amor del Creador.[2]

Historia

Satanás tiembla al escuchar su nombre, ya que le recuerda el grito de noble protesta que este arcángel manifestó cuando se rebelaron los ángeles. Miguel manifestó su fortaleza y poder cuando peleó la gran batalla en el Cielo. Por su celo y fidelidad para con Dios gran parte de la Corte Celestial se mantuvo en fidelidad y obediencia. Su fortaleza inspiró valentía en los demás ángeles quienes se unieron a su grito de nobleza "¿Quién como Dios?". Desde ese momento se le conoce como el capitán de la milicia de Dios, el primer príncipe de la ciudad santa a quien los demás ángeles obedecen.

Miguel tiene el más alto puesto entre los arcángeles y es el Príncipe de los espíritus celestiales y Jefe de la milicia celestial. Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el Gran Defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento.

La cristiandad desde la Iglesia primitiva venera a San Miguel como el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó del cielo con su espada de fuego. Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector de los cristianos contra los poderes diabólicos, especialmente a la hora de la muerte.

En el Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento, Miguel aparece como el guardián de la nación hebrea. En el libro de Daniel, Dios envía a Miguel para asegurarle a Daniel su protección:

Y ahora volveré a luchar con el príncipe de Persia... Nadie me presta ayuda para esto, excepto Miguel, vuestro príncipe, mi apoyo para darme ayuda y sostenerme. (Dn 10:13)
En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo. (Dn 12:1)

El pueblo del profeta eran los judíos. Por lo tanto, es aceptado que el ángel que el Señor había asignado a los israelitas en los días de Moisés, para guiarles a través del desierto y llevarlos por las naciones idólatras que destruiría por medio de ellos, es el mismo Miguel.

Después de la muerte de Moisés, según la tradición judía (Jud 9), Miguel altercaba con el Diablo disputándose el cuerpo de Moisés. En obediencia al mandato de Dios, Miguel escondió la tumba de Moisés, ya que la gente y también Satanás querían exponerla para llevar a los Israelitas al pecado de idolatría.

Miguel recibió de Dios el encargo de llevar a término sus designios de misericordia y justicia para su pueblo escogido. Vemos como Judas Macabeos antes de iniciar cualquier batalla en defensa de la ley y del Templo clamaba la ayuda de Miguel y le confiaban su defensa:

En cuanto los hombres de Macabeos supieron que Lisias estaba sitiando las fortalezas, comenzaron a implorar al Señor con gemidos y lágrimas, junto con la multitud, que enviase un ángel bueno para salvar a Israel.... Cuando estaban cerca de Jerusalén apareció poniéndose al frente de ellos un jinete vestido de blanco, blandiendo armas de oro. Todos a una bendijeron entonces a Dios misericordioso y sintieron enardecerse sus ánimos. (2 Mac 11:6)

En la actualidad, los judíos invocan al Arcángel Miguel como el principal defensor de la sinagoga y como protector contra sus enemigos. En la fiesta de la expiación concluyen sus oraciones diciendo: "Miguel, príncipe de misericordia, ora por Israel."

En el Nuevo Testamento

La posición de Miguel es también muy importante en el Nuevo Testamento donde continúa su poderosa defensa. Con sus ángeles, el libra la batalla victoriosa contra Satanás y los ángeles rebeldes, los cuales son arrojados del infierno. Es por eso venerado como guardián de la Iglesia.

Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el dragón y sus ángeles combatieron pero no prevalecieron y no hubo ya en cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero. (Ap 12, 7-9)

La carta de Judas se refiere a Miguel en batalla contra Satanás por el cuerpo de Moisés.

En la Edad Media

El honor y la veneración a Miguel, como testifican los padres de la Iglesia, ha sido parte esencial de la vida de la Iglesia desde sus inicios. Se le han atribuido un sin número de beneficios espirituales y temporales. El emperador Constantino, atribuyó a este arcángel, las victorias sobre sus enemigos y por ello le construyo cerca de Constantinopla una magnifica iglesia en su honor. Esta se convirtió en lugar de peregrinación y muchos enfermos recibieron sanación gracias a la intercesión de Miguel.

Representación

Es representado en el arte como el ángel guerrero, el conquistador de Lucifer, poniendo su talón sobre la cabeza del enemigo infernal, amenazándole con su espada, traspasándolo con su lanza, o presto para encadenarlo para siempre en el abismo del infierno.

Defensor de los moribundos

Miguel continúa su ministerio angélico en relación a los hombres hasta que los lleva a través de las puertas celestiales. No solo durante la vida terrenal, Miguel defiende y protege las almas, el les asiste de manera especial a la hora de la muerte ya que su oficio es recibir las almas de los elegidos al momento de separarse de su cuerpo.

En la liturgia la Iglesia nos enseña que este arcángel esta puesto para custodiar el Paraíso y llevar a él a aquellos que podrán ser recibidos ahí. A la hora de la muerte, se libra una gran batalla, ya que el demonio tiene muy poco tiempo para hacernos caer en tentación, o desesperación, o en falta de reconciliación con Dios. Por eso es que en estos momentos se libra una gran batalla espiritual por las almas. Miguel, esta al lado del moribundo defendiéndole de las asechanzas del enemigo.

San Anselmo cuenta de un religioso piadoso que, a punto de morir, recibía grandes asaltos de demonio. El demonio se le apareció acusándole de todos los pecados que había cometido antes de su bautismo (tardío). Miguel se aparece y le responde que todos esos pecados quedaron borrados con el Bautismo.

Entonces Satanás le acusa de los pecados cometidos después del Bautismo. Miguel le contesta que estos fueron perdonados en la confesión general que hizo antes de profesar. Satanás, entonces, le acusa de las ofensas y negligencias de su vida religiosa. Miguel declara que esos han sido perdonados por sus confesiones y por todos los buenos actos que hizo durante su vida religiosa, en especial la obediencia a su superior, y que lo que le quedaba por expiar lo había hecho a través del sufrimiento de su enfermedad vividos con resignación y paz.

En los escritos de San Alfonso de Ligorio se cuenta: "Había un hombre polaco de la nobleza que había vivido muchos años en pecado mortal y lejos de la vida de Dios. Se encontraba moribundo y estaba lleno de terror, torturado por los remordimientos, lleno de desesperación. Este hombre había sido devoto de San Miguel Arcángel y Dios en su misericordia permitió que este arcángel se le apareciera. San Miguel le alentó al arrepentimiento, diciéndole que había orado por él y le había obtenido más tiempo de vida para que lograra la salvación. Al poco rato, llegan a la casa de este hombre dos sacerdotes dominicos, que dijeron se les había aparecido un extraño joven pidiéndoles que fueran a ver a este hombre moribundo. El hombre se confesó con lágrimas de arrepentimiento, recibió la Santa Comunión y en brazos de estos dos sacerdotes murió reconciliado con Dios."[3]

Miguel y la Eucaristía

La Tradición enseña que Miguel preside el culto de adoración que se rinde al Altísimo y ofrece a Dios las oraciones de los fieles simbolizadas por el incienso que se eleva ante el altar. La liturgia presenta a Miguel como el que lleva el incienso y esta de pie ante el altar como nuestro intercesor y el portador de las oraciones de la Iglesia ante el Trono de Dios.

Es muy interesante notar en las apariciones marianas que han incluido manifestaciones de Miguel, que su relación con la Eucaristía, y a la adoración debida a Jesús Eucarístico y a la Santísima Trinidad.[1]

Miguel y Jesús

Hay quienes afirman que Jesús no es Dios, sino la encarnación del Arcángel Miguel. Esta enseñanza ha surgido, como muchas otras, de la interpretación errada de ciertos textos bíblicos sacados fuera de contexto y se remonta a los primeros siglos de la Iglesia.

Todos los ángeles, incluyendo a Miguel y el mismo Lucifer, fueron creados por Dios por el Hijo.

Miguel es uno entre muchos príncipes celestiales y, como lo expresa el primer capítulo del Evangelio de Juan, Jesús es singularmente especial y único, la "Palabra de Dios" por medio de quien toda la creación llegó a existir, incluídos todos los miembros de los ejércitos celestiales.

Miguel no ejecuta el juicio sino que se lo deja a Dios porque él mismo, como arcángel, no está autorizado a juzgar a Satanás por sus acciones (Jud 9). Jesús en cambio fue reconocido por los demonios como el "Santo de Dios" con autoridad absoluta sobre ellos (Mc 1, 21-28).

Uno de los textos que con mayor frecuencia se usan erróneamente para afirmar que Cristo es un arcángel es el siguiente:

El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. (1 Tes. 4, 16)

Sin embargo, si Cristo fuera un arcángel, la expresión "por la voz de un arcángel" sería una aclaración innecesaria en este caso. Es obvio que, como todos los reyes, el Rey de Reyes no hará uso de su propia voz para iniciar esta acción histórica, sino que la delegará en un heraldo angelical de alto rango, un arcángel, como corresponde a la dignidad de un rey.[4]

Oración

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén."[3]

Referencias

  1. 1,0 1,1 Varios. «San Miguel Arcángel». Ecured.cu. Consultado el 23 de octubre de 2014.
  2. ACI Prensa. «7 cosas que tal vez no sabías de los Santos Arcángeles». Catholic.net. Consultado el 23 de octubre de 2014.
  3. 3,0 3,1 Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María. «Miguel Arcángel». www.corazones.org. Consultado el 23 de octubre de 2014.
  4. voxfidei-apologetica.blogspot.com. «Jesús no es un ángel». Catholic.net. Consultado el 27 de octubre de 2014.
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