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Antíoco IV Epífanes

Antiokhos IV.jpg

Datos personales
Nacimiento Hacia 215 a.C.
Fallecimiento 164 a.C.
Vida 51 años
Familia
Cónyuge Laodice IV
Padres Antíoco III Megas y Laodice III
Hijos Antíoco V Eupátor
Laodice VI
Alejandro Balas
Antióquida
Características
Ocupación Rey Seléucida
Nacionalidad Griego
Religión Pagano
Raza Griego

Antíoco IV Epífanes [1] (215 a. C. - 163 a. C.) fue rey de Siria de la dinastía Seléucida desde c. 175 a. C.-164 a. C.[2]

Biografía

El rey más cruel y malvado del Norte también fue seleúcida. Este fue Antíoco IV Epífanes, comúnmente llamado por sus coetáneos, Epífanes, es decir, el loco.[3]

Era hijo de Antíoco III Megas y hermano de Seleuco IV Filopátor. Originalmente fue llamado Mitrídates, pero adoptó el nombre de Antíoco tras su ascensión al trono (o quizás tras la muerte de su hermano mayor, también Antíoco. Subió al trono tras la muerte de su hermano Seleuco IV Filopátor que gobernó durante poco tiempo antes que él, hasta que su tesorero, Heliodoro, le mató por ambición.

Había vivido en Roma según los términos de la paz de Apamea (188 a. C.), pero acababa de ser intercambiado por el hijo y legítimo heredero de Seleuco IV, el futuro Demetrio I Sóter. Antíoco se aprovechó de la situación, y junto con su otro hermano Antíoco, se proclamó rey con el apoyo de Eumenes II de Pérgamo y el hermano de éste, Átalo I. Su hermano Antíoco sería asesinado pocos años después.

Por su enfrentamiento con Ptolomeo VI, que reclamaba Celesiria, atacó e invadió Egipto, conquistando casi todo el país, con la salvedad de la capital, Alejandría. Llegó a capturar al rey, pero para no alarmar a Roma, decidió reponerlo en el trono, aunque como su marioneta. Sin embargo, los alejandrinos habían elegido al hermano de éste, Ptolomeo VIII Evergetes como rey, y tras su marcha decidieron reinar conjuntamente.

Esto le obligó a volver a invadir el país, y así en el 168 a. C. conquistó Chipre con su flota. Cerca de Alejandría se encontró con el cónsul romano Cayo Popilio Laenas, que le instó a abandonar Egipto y Chipre. Cuando Antíoco replicó que debía consultarlo con su consejo, Popilio trazó un círculo en la arena rodeándole y le dijo: «píensalo aquí». Viendo que abandonar el círculo sin haber ordenado la retirada era un desafío a Roma decidió ceder con el fin de evitar una guerra.

A su regreso, organizó una expedición contra Jerusalén, la cual saqueó. Según el Libro de los Macabeos, promulgó varias ordenanzas de tipo religioso: trató de suprimir el culto a Yavé, prohibió el judaísmo suspendiendo toda clase de manifestación religiosa, mandó que se comieran alimentos considerados impuros y trató de establecer el culto a los dioses griegos. Pero el sacerdote judío Matatías y sus dos hijos llamados Macabeos consiguieron levantar a la población en su contra y lo expulsaron. La fiesta judía de Janucá conmemora este hecho.

Antíoco, en campaña contra el Imperio parto, cosechó algunos éxitos, conquistando Elam y Babilonia. Mientras organizaba una expedición punitiva para retomar Israel personalmente, le sobrevino la muerte causada por una tuberculosis. Le sucedió su hijo Antíoco V Eupátor. Su reinado fue la última época de fuerza y esplendor para el Imperio seléucida, que tras su muerte, comenzó un progresivo declive a causa de problemas económicos, sociales y disputas dinásticas que lo conducirían a su desaparición a manos del mismo enemigo que su antecesor, Antioco el grande, no fue capaz de derrotar, Roma.[2]

La persecución de Antioco

Antioco IV Epifanes fue un personaje funesto en la historia judía pues intentó aplicar una helenización violenta y radical en Jerusalén. En el 169, tomó la Ciudad Santa y saqueó el Templo; poco después, en el 167, prohibió las prácticas religiosas judías y levantó un altar a Zeus en el recinto del Templo instaurando así "la abominación de la desolación" (1 Mac. 1, 54).

Fueron estos hechos los que inspiraron el Libro de Daniel que contiene el único Apocalipsis incluido en el canon de la Biblia hebrea. Es allí donde se desarrolla la famosa profecía de los cuatro imperios mundiales representados con la imagen de las cuatro bestias que tanta influencia tendrá en la Apocalíptica cristiana. Este profecía es un magnífico ejemplo de la interpretación apocalíptica de la historia en base a la técnica conocida como vaticinia ex eventu o historia presentada como profecía.

El autor anónimo escribe su obra en el 165-164, después de la muerte de Antioco IV, pero finge hacerlo en el siglo VI a. C. prestando su pluma a Daniel, héroe muy popular entre los judíos durante el exilio de Babilonia. Desde aquella perspectiva temporal vaticina la sucesión de los cuatro imperios futuros: Babilonia, Media, Persia y Alejandro. El último es el peor de todos, y Antíoco Epífanes es el tirano malvado que será castigado por Dios con su derrota y su muerte.[3]

Referencias

  1. En griego: Αντίοχος Επιφανής, «dios manifestado»
  2. 2,0 2,1 Antíoco IV Epífanes
  3. 3,0 3,1 Antíoco IV Epífanes
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